Foto: Expansion / Bronce with Electricity de Paige Bradley

Cuando estar roto se convierte en sinónimo de fortaleza

Así recordarás muy bien el significado de la palabra que contiene resiliencia pura: Kintsugi.

Todos hemos tenido (y seguiremos teniendo) caídas, errores, arrepentimientos. Y probablemente nos hayan:

  • Lastimado.
  • Traicionado.
  • Engañado.
  • Herido en múltiples niveles emocionales y/o mentales.

Y para ser justo, puede ser que en algún momento, quizás hayamos hecho lo mismo a otras personas de manera inconsciente o sin querer verdaderamente hacerlo.

Es inevitable.

En algún momento estaremos expuestos a hacer o a que nos hagan daño. Sin embargo, lo interesante es CÓMO interpretar esa experiencia en cualquiera de sus sentidos

Todo inició con una historia en el oriente.

LO QUE SE ROMPE, SE RE-CREA

“La memoria y la imaginación son las mejores armas del resistente “. Josep Maria Esquirol

El Shogún de Japón, Ashikaga Yoshimitsu hace más de 500 años, en su ceremonia del Té, rompió un objeto de cerámica muy preciado para él. Así que lo mandó a arreglar a China y cuando lo recibió de nuevo, se dio cuenta de que las piezas fueron unidas con unas grapas de metal.

Eso no le gustó en ningún sentido al Shogún, por lo que dió la orden a sus mejores artesanos para que crearan una solución mucho más apropiada.

Lo que ellos hicieron fue un método que NO disimulaba el daño de la pieza de cerámica y que incluso, enaltecía con laca y polvo de oro, las uniones de los trozos.

Dando origen a la palabra Kin-tsugi que significa literalmente:

Kin: Dorado

Tsugi: Ensamblado

Ensamblado con oro.

Así durante siglos, varios maestros Zen desarrollaron el principio que todo jarrón, taza o tazón que fuera dañado o roto, no debían deshacerse de el, sino ser reparado (y unificado) con el máximo respeto, cuidado y atención.

De esta manera se simboliza una reconciliación entre el daño (errores de atención, accidentes, paso del tiempo) y el valor implícito de recrearse de nuevo (la pieza enaltecida con oro).

El cuidado y el amor aplicado a las piezas destrozadas nos debe concientizar y motivar a valorar mucho más a lo que ha sido dañado y fracturado, para luego ser recompuesto de nuevo en una sola pieza.

En otras palabras, lo que se volvió vulnerable e imperfecto DESPUÉS de pasar su propio proceso de TRANSFORMACIÓN y (RE)CONSTRUCCIÓN, debe ser enaltecido.

UN ELEMENTO CLAVE PARA LA RECONSTRUCCIÓN

“Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia.

Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo” .

Franz Kafka

No hay recomposición ni resurgimiento sin PACIENCIA.

Así como lo podemos ver en el procedimiento del kintsugi, el proceso de secado es un factor determinante. La resina tarda semanas, a veces meses, en endurecerse. Y precisamente esto, es lo que garantiza su durabilidad, su fortaleza y su valor.

En sí mismo, el kintsugi es un ritual de amor, de consideración pero sobre todo de PACIENCIA.

Por esa razón, siendo tan opuesta a nuestra cultura occidental, se vuelve tan útil, cuando escasean las opciones de crecimiento y los puntos de vista se vuelven estrechos y unilaterales.

Es contracultural y contraintuitivo para nosotros pero al mismo tiempo guarda una verdad innegable. Una perspectiva artística y profunda sobre la vida, el crecimiento personal y sobre el aprendizaje continuo.

Como lo menciona Marta Rebón, “La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades”.

Por supuesto que esto requiere CORAJE,

Templanza

y Humildad.

Se requiere vencer el orgullo y la vergüenza.

Aún cuando todos nosotros estamos llenos de fracturas e imperfecciones.

A veces hay que ser brutalmente vulnerable para crear una fortaleza brutal…

EL RESULTADO PUEDE SER ALGO SUPERIOR

El ritual conlleva la enseñanza.

Hacer conscientemente algo que te enriquece personalmente, te convierte en algo que es mucho más que ser robusto o fuerte.

Que puede ir incluso más allá de la resiliencia.

La fortaleza verdadera no radica en la rigidez sino en la capacidad de reestablecerse, de proposperar y de crecer.

A esto lo llamó Nicholás Taleb Nassim, “ANTIFRÁGIL” en su libro homónimo en el 2013. En donde además hacía un llamado a la diferenciación de términos.

  • Frágil: Débil, quebradizo, con facilidad de fragmentarse.
  • Robusto: Resistente. Firme.
  • Resiliencia: Capacidad de adaptarse positivamente a las situaciones adversas.

Así que la “antifragilidad” realmente nace como término opuesto a fragilidad pero que no necesariamente significa ser robusto o resiliente. De esta forma, su característica principal no solamente es ser resistente y adaptable, sino que MEJORA ante la adversidad y los estresores externos.

Cuando algo no vivo se somete a estrés, sufre fatiga o se rompe.

La mesa de nuestra casa, nuestro auto, ropa, etcétera, se acabarán gastando y no podrán repararse por sí solas. Puede que sean robustas, pero no pueden ser intrínsecamente antifrágiles.

Por el contrario, los seres vivos y los sistemas complejos se comportan de una forma muy diferente. Están formados por componentes que interaccionan entre sí, intercambiando información por medio de estresores. Y precisamente por eso, pueden llegar a ser antifrágiles.

NOTA: El mismo Nicholas Taleb menciona que lo antifrágil se puede enfrentar a CISNES NEGROS (sucesos a gran escala, imprevisibles, irregulares y con unas consecuencias de muy gran alcance que sorprenden y perjudican a sus observadores, ¿te suena?). Pero mejor lo dejo ahí por que da para un tema aparte.

CONCLUSIÓN

Si un ritual cuidadoso, amoroso, con una intención sumamente clara para revalorizar, puede hacer tanto por objeto que está roto, ¿que cosas podrá hacer para una persona?

Ahí es cuando el Kintsugi nos enseña lo siguiente:

Las roturas y reparaciones forman parte de la historia y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Así, al poner de manifiesto su transformación, las cicatrices embellecen a su portador.

Y a manera de homenaje, con un breve pensamiento, quiero finalizar diciendo que me gustan…

Me gustan las personas con almas rotas.

Esas que se han roto más de una vez.

Personas que han aprendido a unir sus fragmentos heridos con artística valentía.

Admiro a esas personas que no ocultan las cicatrices del pasado

y que como en el arte milenario japonés kintsugi,

Se han convertido en artesanos maestros, enalteciendo su propia imperfección.

Personas que con orgullo, han cubierto de oro los vestigios de una destrucción pasada, convirtiéndola en la más hermosa demostración de resiliencia y adaptación.

El paso del tiempo no tiene un vestigio tan sublime que una vida…

de una persona con el alma rota…

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Autor de @99hoursnovel. Vivir en alta calidad es mi meta diaria. Cultura Colaborativa. CO Operación empresarial.

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Adrian Caballero

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